Quiero un feriado, un masaje, una copa de vino. Una copa de vino dulce, muy helado y unos quesos y unos tomates. Quiero una noche con estrellas, una mañana en la playa, repetir ese paseo a las cascadas. Sentir el olor de la tierra mojada y cruzar riachuelos sobre troncos llenos de musgo.
No me puedo concentrar, no paro de asombrarme de lo rápido que pueden cambiar las cosas. Cómo, de un día para otro, se nos olvida quienes somos; cómo nos damos cuenta de que no podemos conocer a los demás. Somos universos cambiantes, colectivos en movimiento.
Quisiera dormir un año y despertar con amnesia. Sin el saco de recuerdos, olvidados los rostros y los nombres. Dar la oportunidad a mi mente de reescribirse, dejar que me cuiden como a un niño, volver a la completa inocencia.
Me preguntaba, cómo es posible un día tan bipolar. Comienza con una pésima noche y una mañana (obviamente) adolorida. Estoy enferma, pero no daré detalles de mis variados males. A medio día una visita sorpresa, los que me conocen sabrán que odio las visitas sorpresa, odio que dispongan de mi tiempo; sea quien sea.
Un castillo de arena, un viernes que empezaba como cualquiera. Después de clases, otra visita, acordada desde el día anterior, respetando lo que me acomoda. Un regalo, el mejor regalo que me han hecho en mucho tiempo; un libro, ya bien avanzado, lo comentaré cuando lo termine.
Un paseo, un paseo a un lugar tanto o más feliz que Disneylandia y yo ahí, con todas las personas con que quería estar. Pasándolo regio con mis yuntas, dispersando el ello, como suelo decir, dejando que la chicha con naranja nos haga felices, que el humo no moleste para nada y que cantar sea lo único que importe.
Debo decir que aprendí a sumar. Debo dejar de ser tan ingenua. No confiarme. Estos son los momentos en que me acuerdo de J, que dice que no cree en nada. O en mi madre, que dice que todos son buenos, hasta que se vuelven malos. No tengo ánimo de tener ánimo, ni ganas de tener ganas, volveré a lo de siempre, a la soledad que nunca me abandona por completo.
Como siempre… y no lo olvide jamás. El dolor inspira y es más profundo porque enseña, porque te hace crecer. No le tema al dolor, que es parte de la vida. Pagaría por que alguien me lo hubiera demostrado antes, antes de impregnarme de tristeza en esos años mientras crecía. No me daba cuenta de la riqueza que se acumula en cada desencanto, en cada frustración.
La Llorona, esa soy yo. La que lagrimea con los comerciales de Clos de Pirque y que no puede estar más depre en días de Teletón. Con una diferencia a cuando era más chica, o más perdida, o más confundida; ahora sé que tiene que pasar. No hay mal que dure cien años, ni tonto que lo aguante y tonta si que no soy. Ahora lo digo en serio, Next!
Hoy, 21 de septiembre, comienza la primavera; una estación intermedia que, como el otoño, tiene esa mística agradable de calor y brisa fresca (al menos en esta zona del país), lo que me encanta. Los días serán más largos, las noches más tibias y, sin darnos cuenta, el año se va yendo.
Hoy, un día despejado, de canícula si tengo que usar una palabra rebuscada, pero precisa. El aire está espeso, bochornoso, de seguro insoportable para los acalorados, pero para mí es ideal. ¡Ojala tuviera donde echarme a hacer fotosíntesis! O me agarraran de un ala para llevarme a la playa.
Ya me estaban matando las heladas; manos secas, labios despellejados. Es tan fácil llorar de frío, es tan fácil sentirse sola cuando te acurrucas a la almohada y la ansiedad friolenta pide calorías provenientes de aceites hidrogenados, carbohidratos y alcohol.
Qué mejor que salir de noche sin chaqueta, usar sandalias y falda sin medias. Que lleguen pronto los duraznos, las frutillas y las papas nuevas. El olor a coco de los bronceadores, los paseos y las noches estrelladas. Que se haga la luz. Compremos Chocolito, Chirimoya, Piña.
Así dan ganas de comer fresco, tomar más agua y hacer ejercicio. Motívese con el video, que la charcha no le impida usar bikini y si se da la oportunidad tome sol en topless que es más rico. Ya se viene la Navidad, el Año Nuevo y todo un verano. Que este sea el último esfuerzo para terminar bien el año.
sábado, 20 de septiembre de 2008
Nuevo día bajo el sol. Me alegran estos rayitos tibios, algo de luz entre tantos días helados. Necesito animarme o quizás necesito que me animen; uno se cansa de sonreír por sonreír, sin razón, porque sí, por la felicidad ajena y volverse egoísta con uno mismo es ser imbécil.
Y mi vida. Tiempo que no comento peripecias. Qué puedo decir. Fui al traumatólogo (que hombre más guapo) y resulta que tengo una pierna más larga que la otra, por eso me duelen tanto los pies y se me deformó un dedo; por lo mismo, debo tomar antinflamatorio y no puedo volver a usar mis viejas y adoradas Converse, ni ningún zapato que no sea ultra ancho. Pasé el 18 en Viña, con la familia de P. Ha sido una semana infructuosa en lo intelectual, pero positiva en el descanso físico. No quiero que empiecen las clases, para ser sincera no tengo ánimo, con la cabeza en otra parte, con el corazón a latiendo inconstante, buscando algo desconocido, esperando nada.