The time is gone, the song is over...

jueves, 5 de mayo de 2011

Hace años que no me sentía así de pequeña y pasada a llevar como el otro día en el metro de Santiago cuando, después de quejarme con un tipo que salía del carro detrás de mí y que me daba desagradables empujones con la mano, intencionalmente me pegó uno que casi me bota.

La gente reaccionó a penas. Le dijeron un par de cosas y lo miraron feo. A mí nadie me preguntó nada, no había guardias, no había nadie que me hiciera sentir mejor. Yo era como Alicia encogiéndose muy rápido, pequeña e impotente. Lo peor es que yo, que soy una mujer que no se deja pasar a llevar… no pude decirle nada.

Fui a la escalera y el tipo caminaba delante de mí. En mi cabeza rondaba la idea de sacar un lápiz y clavárselo en la espalda, pero no iba a conseguir nada. La rabia, la frustración, la soledad que sentí me recordó el período menos alegre de mi vida y me odié por eso.

Me acerqué a un guardia y le conté lo que había pasado. Me preguntó si tenía alguna herida. Como si sangrar fuera la única prueba posible para mi malestar. Apunté con el dedo al tipo y le pedí que le dijera algo. El muy imbécil se rió y me dijo que no podía hacer nada. Insistí e hizo como que iba donde él. Me quedé mirando y lo vi volver como si nada. La falta de pantalones se generalizaba.

¿Por qué soportar tanta prepotencia? ¿Qué hace un hombre así en la calle? Pienso que seguramente su mujer y sus hijos ruegan todos los días por que no vuelva, para que no abuse de su familia “bien constituida”, para que no le mienta a los conocidos sobre “su vida ejemplar”, para que todo, como casi todo en este país, se mantenga “puertas adentro”, porque así debe ser.

Este tipo de cosas no me las trago. Las escupo en la cara de quien se lo merezca. Personas como esas no debieran cruzarse ya más en mi camino…

martes, 19 de abril de 2011

Incertidumbre. Venía pensando en este tema hace rato, cómo el no saber qué va a pasar, pero de alguna forma predisponerse a algo basado en un sentir, puede alterar el panorama de un momento a otro. Pasa con la economía a cada rato. Con las crisis a cada minuto. Con la vida… la vida en sí es incierta…

Son muchas palabras y pocas nueces. No significa nada, pero podría ser cualquier cosa y no eres sutil. No me gusta escuchar esto y me rompes el corazón. No quiero que lo sepas. No sé qué esperar.

No me pides nada, no tiene que ver conmigo, o sea, tiene que ver con el tiempo y el espacio… más bien, la distancia y la falta de rutina, pero me sigue sonando a poco.

Quisiera decirte otra vez lo que ya te he dicho y que se te aclare la mente, que mis palabras tengan un poder balsámico sobre tus angustias y que me vuelvas a decir que todo va a estar bien.

A lo mejor sólo conoces mis extremos. Mi felicidad y mi eterna disconformidad con la vida. No me has visto a mí, a mí cada día. Con la mala cara, con la vida encima, con mis ganas de pasar tiempo a solas, con mi necesidad de ser detallista, con mis fantasmas…

Confieso que yo también me he cuestionado y más de alguna vez rondó la idea. Es más, muchas veces recogí la esponja. No puedo negar que no me pareció siempre descabellada la posibilidad de simplificar las cosas, por utilizar un lindo eufemismo.

Es inevitable que lo que tenemos no sea más que las alegrías de lo poco, de esas fracciones de tiempo que no tienen nada de superficiales, según lo veo yo. Se te olvida la última vez que estuvimos frente a frente y eso ofende y te lo perdono.

Lo que no me deja ahora es la incertidumbre, me la pegaste como si fuera tiña y se expande. No voy a planear nada. De hecho, desplanearé los planes y los planearé a medida que te acerques…

domingo, 27 de febrero de 2011

No debería tener esta mala costumbre. Pero es también por eso que escribo menos ahora. El poder terapéutico de teclear lo que pasa por mi cabeza suele ayudarme a mantener el control. Reflexiono y me obligo a dejar un rastro de piedritas (no de migas) para asomarme al bosque siempre espeso.

Digo que me obligo porque es fácil perderse en la espesura, sentirse cómodo cuando te abrazan los árboles... pero las hojas y las ramas son afiladas... yo ya tengo muchas cicatrices.

Hoy el tema es la frustración. Lo peor de lo peor es aceptarla. Controlarla es casi imposible y requiere cultivar varias virtudes a la vez. Impotencia por no poder hacer nada, conformarse con poco, resignarse a lo que quiere el destino y perder el control de la situación.

Quisiera revelar la receta. Paso uno, respire hondo y piense en otra cosa... bullshit!

Sólo seguir adelante y no olvidar el norte. Que todo pasa... hasta lo que más duele.

miércoles, 5 de enero de 2011

Tengo la sensación de que el tiempo ha pasado rápido, pero es porque han sucedido muchas cosas. El año pasado comenzó con mi entrada de cabeza al mundo laboral, inundada aún en la emoción de un viaje mágico al fin del mundo. Luego vino el trabajo en serio, los exámenes finales, el título... todo lo bueno mezclado con la mala racha emocional. De pronto la necesidad me empujo a cortar en seco el panorama insano y me obligué a sentir menos para quererme más. Entonces, volví a ilusionarme, como no me sucedía hacía años. Ha sido difícil renegar de mis juramentos de nunca nunca nunca más y estar aquí, más entera que nunca, feliz a pesar de todo, a veces con pena, pero nunca ahogada. Adoro que sea ella. Y yo, que soy influenciable porque así me apetece, me dejo querer y la quiero como siempre he creído que se debe querer... Las noticias del pasado me impactan, pero no me matan. La nueva vida es para todos hoy.

martes, 21 de diciembre de 2010

Odio lo perspicaz que se vuelve mi mente. Lo veo todo como si estuviera sentada en la butaca de un cine rotativo. Dejo de ser libre, porque contra mi voluntad observo una y otra vez los acontecimientos trágicos. En parte tú, en parte mi imaginación. Todo lo que decimos y pensamos ahí, proyectado, no tengo párpados, hay demasiada gravedad…

Odio cómo es que me vuelvo productiva gracias a la indigestión. A penas me he tragado este bocado, ha llegado a mi estómago, quedándose ahí, pudriéndose. Entonces, meto dos dedos en mi boca, hasta la garganta, necesito vomitar esta mierda nauseabunda... lo regurgitado… es esto.

Entender, tener paciencia, perdonar. Y yo que pensé que podría dejar de usar esas virtudes mías, abusadas, subestimadas, burladas. ¿Será la ingenuidad o la ceguera? No sé. Da lo mismo. De todas formas el control es una necesidad y no un gusto.

¡Qué más quisiera yo que ser lo que quiero ser! Estar donde quiero estar y con quien yo quiera. Vivir como quiero vivir, tener una vida buena. Mantenerme feliz. No sentir rabia, ni pena, ni dolor, ni nada de todo eso que provoca nauseas cuando llega al estómago.

Al final la pelea siempre es conmigo, pero nunca gano yo. Enfrentarme a mi misma no debiera ser complicado, pero lo es. La sanidad mental. El calor. La luna. El encierro. La soledad. La puta de la distancia. El abrigo. La sangre. Tus palabras. Mis palabras. Tus silencios. Los míos. El amor.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Es impresionante cómo cambian las cosas. Como de un momento a otro nos damos cuenta de que estábamos metiendo la pata, hundiéndonos solos, cortándonos las alas, matándonos de a poco, corriendo contra el viento, tapándonos los ojos, mordiéndonos la lengua… siendo cobardes.

Todo se resume en una sola palabra… Libertad.

Libertad porque no es el miedo, no son otros, no es la historia condicionándome a actuar. Soy yo eligiendo cómo vivir, soy yo tomando decisiones que me hacen mejor persona, soy yo relacionándome con personas que no coartan mi derecho a ser feliz.

Tomas mi mano y me siento importante. Te hablo de lo que pienso y de lo que siento sin miedo. Dejas que mi imaginación no se limite con prejuicios. Ojala pudiera poner en palabras lo que me pasa cuando nos miramos a los ojos.

Me dices que no te de las gracias, se las doy entonces al momento perfecto en que nos encontramos, al estudio, al mojito, a los planetas alineados, al vino, a los dioses, al mazapán, a los amigos, a las vibras positivas, a the secret y a la lluvia con sol.

Estoy pensando seriamente en iniciar un negocio. Embotellar la felicidad que a ratos me atonta, que hace que me ría sola, que sin querer provoca envidia sana en los que me rodean. Seguro que en poco tiempo estaría abriéndome a la bolsa.

Qué voy a decir hoy de música si sólo se me ocurren mamonerías de los Carpenters. Siga mi consejo… llénese hoy de placeres culpables, cierre los ojos y disfrute. Que nadie se atreva a interrumpir ese momento. Cante a voz en cuello. Baile si le apetece. Que nadie le diga que no puede escuchar a Celine Dion…

Ayer ordené mis discos. Después de años volvieron a sus cajas originales, hasta ahora abandonadas en la casa de mi mamá en PV. Fue como apretar las raíces en esta ciudad que, con ruido, contaminación y multitudes, igual adoro. Asumir que estaré aquí un buen rato implica un desafío en contra del conformismo y la comodidad. Sin embargo, hoy tengo todo lo que podría necesitar para ser feliz.

viernes, 20 de agosto de 2010


Casi no me lo creo. Soy periodista. Escuchando a Tori Amos.